• Margarita

acné y nutrición

Actualizado: may 14

El acné es una enfermedad del folículo pilosebáceo consecuencia de la interacción de tres factores muy bien definidos:

1) Una alteración de la queratinización en el canal folicular.

2) Una hiperproducción de sebo por las glándulas sebáceas debido al estímulo androgénico.

3) La colonización del folículo por el Propionibacterium acnes.


Su incidencia es alta y, en mayor o menor grado, afecta a entre el 79 y el 95% de los adolescentes y entre el 25 y el 40% de las personas mayores de 25 años. Su gravedad es muy variable y, si el tratamiento no es adecuado, deja cicatrices de mayor o menor importancia.


La relación entre el acné y la alimentación es clásica y se cita en la mayoría de los textos antiguos. Durante años muchos médicos han recomendado a sus pacientes con acné que evitaran alimentos como chocolate, grasas, dulces, frutos secos y bebidas carbónicas.



En la actualidad estas recomendaciones ya no figuran en los libros de Dermatología, a pesar de que se mantiene muy arraigada la creencia popular de que la aparición y el mantenimiento del acné están influenciados por la alimentación.


Los defensores de la influencia de la alimentación en la aparición y mantenimiento del acné se basan en estudios epidemiológicos realizados en grupos de población que tienen regímenes alimenticios muy distintos. Comparando la incidencia del acné en individuos que siguen una dieta de tipo occidental, abundante en hidratos de carbono y grasas animales, con otros que siguen dietas “indígenas” más ricas en vegetales, la incidencia es mayor entre los primeros. La mayoría de los estudios concluyen que el acné tiene una incidencia mayor en los adolescentes de países industrializados que en los de otras civilizaciones menos o nada desarrolladas. Las explicaciones son muchas y las controversias aún mayores:

  • 1. Una posible explicación sería que la dieta rica en glúcidos induciría una hiperinsulinemia que desencadenaría una serie de respuestas endocrinas que intervendrían en el desarrollo del acné al aumentar la producción de andrógenos y factores de crecimiento análogos a la insulina (IGF). Si este mecanismo fuese absolutamente cierto, los obesos, con un porcentaje elevado de resistencia a la insulina, tendrían acné. Efectivamente se ha encontrado una asociación entre obesidad y acné en individuos de entre 20 y 40 años, pero no en jóvenes de 15 a 19 años, lo que obliga a buscar otros factores diferentes de la hiperinsulinemia.


  • 2. El posible papel del factor de crecimiento IGF en el acné podría explicarse por sus efectos en los queratinocitos y en las glándulas sebáceas, pero se ha demostrado que este factor de crecimiento está aumentado en todos los adolescentes, independientemente de su alimentación y de que tengan o no acné.


  • , para que se produzca una reducción en la función sebácea son necesarias dietas por debajo de las cien calorías diarias, situación imposible de trasladar a un tratamiento.3. Otros recomiendan dietas en el acné con el fin de modificar la producción de sebo. Efectivamente, en muchos estudios se ha demostrado que la hiperproducción de sebo se asocia a acné y que en periodos de inanición se reduce la producción de sebo hasta en un 40%. Si bien esta afirmación es absolutamente cierta

Por todo ello, no existen evidencias suficientes para aconsejar dietas en el acné y siempre es preciso hacer una valoración completa del paciente, corrigiendo las alteraciones que se demuestren mediante el tratamiento más adecuado. En los individuos obesos con acné será aconsejable una pérdida racional de peso. Sólo habrá que suprimir algún alimento en aquellos pacientes que afirmen que les sienta mal e influye de alguna forma en la evolución de su acné, pero no hay pruebas contrastadas que apoyen al clínico para indicar un régimen alimentario concreto para el acné.




Sin embargo, con todo lo dicho anteriormente, no estamos renegando de la famosa frase de Hipócrates “...que el alimento sea tu medicina y la medicina tu alimento

No podemos obviar la importancia que las vitaminas, minerales y nutrientes esenciales tienen sobre el funcionamiento de nuestros órganos, y la piel es nuestro órgano de mayor tamaño.


Por ejemplo, la suplementación con las vitaminas liposolubles A y D presenta evidencias en la mitigación del acné. Las vitaminas A y D tienen un impacto importante en la biología del queratinocito pues presentan efectos antiproliferativos.



La vitamina A (retinol) se encuentra sólo en alimentos de origen animal. En los vegetales existen las provitaminas, carotenoides, a partir de los cuales se sintetiza la vitamina. La principal fuente de vitamina D para la mayoría de los humanos es la endógena mediante exposición diaria a la luz del sol (fotoconversión del 7-deshidrocolesterol). La vitamina D3 es particularmente abundante en productos animales, concretamente en los pescados marinos grasos, como los arenques, el salmón o las sardinas. También se encuentra en aceites de hígado de pescado como el de hígado de bacalao, los huevos…



La ingesta también de los ácidos grasos esenciales (AGE) linolénico (omega3) y linoleico (omega 6) presenta un papel importante especialmente relacionado con procesos inflamatorios. Desequilibrios en su ingesta se pueden traducir en dermatitis, acné...(en el campo de la Dermatología)



Para beneficiarse de los efectos metabólicos de los AGE, se requiere una relación en su ingesta de 5:1 para omega6:omega3 .Desequilibrios de esta proporción se traducen en alteraciones de sus vías metabólicas (icosanoides) y fenómenos proinflamatorios como el acné, la dermatitis ( si nos centramos simplemente en la Dermatología). O incluso en pérdidas importantes de agua (xerosis cutánea) a través de la piel por modificación de la composición del manto hidrolipídico. Alimentos ricos en omega3 son los pescados azules, algas, nueces, verduras de hoja verde…Los alimentos ricos en omega6 son las semillas y los aceites vegetales.


Las deficiencias o excesos en cualquier nutriente siempre se traducen en patología. Por ello, nuestro consejo es mantener una dieta variada y equilibrada, sin restricciones ni obsesiones basadas en mitos, modas y estrategias de márketing. La ciencia es objetiva. Somos nosotros los que interpretamos y desvariamos los resultados de la misma. Si el conocimiento es la mayor riqueza que tenemos, quién mejor que uno mismo para informarse de lo que se come, por qué se come y para qué se come.

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