• Antonio Fernández

Abril, tiempo de enjambres.

La jerga apícola es rica en vocablos y expresiones , llegando , a veces, de forma incorrecta, a generalizarse alguno de ellos, podría ser el caso de panal, enjambre o colmena. Todos ellos referidos a la colmeneria, pero distintos entre sí.





Hablemos del enjambre:

Un enjambre en sí mismo es la síntesis de la propia vida o existencia, es la necesidad de perpetuidad que tenemos todas las especies vivas en nuestro código genético y que nos lleva a realizar acciones encaminadas a la supervivencia no ya de la especie, sino de la propia vida. No hablamos de una forma de reproducción sexual, hablamos de la creación de una nueva familia mediante la división en dos o más partes de la ya existente.

Con la idea de combinar experiencia y belleza narrativa, haciendo con ello la lectura de este artículo un poquito más amena, vamos a apoyarnos en los escritos de Maeterlinck, el poeta de las abejas, quien con estos bellos párrafos   así lo describe en su libro "La vida de las abejas"

"las abejas de la colmena han superado, el sopor del invierno. La reina ha vuelto a poner huevos desde los primeros días de Febrero. Las obreras han visitado las anémonas, las pulmonarias, los juncos, las violetas, los sauces, los avellanos. La primavera ha invadido la tierra.; los graneros y bodegas están abarrotados de miel y polen; cada día nacen millares de abejas. Los machos gruesos y pesados, salen de sus vastas celdas, recorren los panales, y la aglomeración de seres y cosas llega a ser tal en una colmena próspera que, al anochecer ,centenares de trabajadoras que regresan tarde de las flores no encuentran donde alojarse, y se ven obligadas a pasar la noche en el umbral, donde el frío las diezma".





La belleza de este párrafo queda lejos de las posibilidades de expresión de la mayoría de colmeneros, pero también nos entenderían si decimos que " el campo está bueno, la colmena  a reventar y que allí no cabe ya ni un alma. Toca enjambrar".

Sigue Maetelinck con su retórica, que además resulta fiel a la realidad y bastante esclarecedora

"No partirán en un momento de angustia, no huirán de una patria devastada por el hambre, la guerra o la peste. No. Una inquietud sacude a todo el pueblo; la vieja reina se agita. Ésta comprende que un nuevo destino la aguarda. Ha hecho religiosamente lo que le imponía el deber de buena creadora, y del deber cumplido salen ahora la tristeza y la tribulación. Una fuerza invisible amenaza su reposo. Pronto va a ser difícil abandonar la ciudad en que reina. Y, sin embargo, es obra suya: es ella misma"

En el día prescrito por el espíritu de la colmena, una parte del pueblo, cede el puesto a una nueva esperanza todavía informe. Se deja en la dormida ciudad a los machos, entre los cuales será elegido el amante real. Las jóvenes abejas que cuidan de la nidada y unas cuantas miles de obreras que seguirán cogiendo néctar por los remotos campos, guardarán el tesoro acumulado y mantendrán las tradiciones morales de la colmena".





Generalmente se va la vieja reina, acompañada por casi la mitad o más de la población de obreras y zánganos. En la colmena quedan obreras jóvenes, obreras de campo, zánganos y una nueva reina a punto de nacer.

“Es el delirio del sacrificio, quizá inconsciente, ordenado por el dios; es la fiesta de la miel, la victoria de la raza y del porvenir; es el único día de regocijo, de olvido y de locura; es el único domingo de las abejas. También parece ser el único día en que comen a saciedad y conocen plenamente la dulzura del tesoro que reúnen. Parecen prisioneras liberadas y súbitamente transportadas a un país de exuberancias y esparcimientos. Rebosan de júbilo y no son dueñas de sí mismas. Ellas, que nunca hacen un movimiento impreciso o inútil, van y vienen, salen y entran y vuelven a salir para excitar a sus hermanas, ver si la reina está pronta, aturdir su espera".

Llega más profundo el poeta y te hace pensar en las miserias y el egoismo humano cuando dice:

"La enjambrazón es la sin razón para los humanos, no entra en nuestro proceder renunciar a lo que hemos creado, regalándoselo a nuestros semejantes, para vagar por la incertidumbre que representa un viaje en busca de un nuevo hogar."

Al menos para mí, es difícil argumentar nada en contra de este razonamiento. La enjambrazón es una herencia en vida. El hecho de tener que darle toda la razón , pone en duda aquellos valores que son bandera de la  especie humana, esa que es racional ,  dominante, avara y ambiciosa y que no en pocos casos se llevaría al más allá lo acumulado en su granero.

Frente a este egoismo racional, el enjambre es un ejemplo de altruismo y solidaridad. La  reina, ella que es madre de todas las abejas allí existentes, abandona su casa renunciando a la comodidad  y seguridad que le proporcionan unas despensas repletas de alimentos; por otro lado, el voluntarioso ejército de obreras que la acompañan  , el único botín del que se apropian son unos cuantos miligramos de miel, no para guardarlos en las despensas de su futura casa, si no para no perecer de hambre en el incierto camino que van a emprender .

Muchos de esos enjambres morirán en esa larga travesía hacia el futuro, bien por inclemencias meteorológicas, por vandalismo o por los nocivos efectos de algún gas, o cualquier otro producto, cuyo objetivo sea matar, que emplea una población atemorizada por su presencia.

A otros muchos, el destino les ha ayudado.





Asombra al colmenero, el ver con la ilusión que fundan el nuevo hogar, que bien puede ser un tronco de árbol, un covacho , o cualquier otro lugar que le cobije de las inclemencias atmosféricas, pero como decía, sorprende la eficacia organizadora existente y la paz que desprende su trabajo. Limpian, desinfectan, acondicionan, construyen , almacenan y !como no!, la reina madre llena de huevos las cunas que con increible  precisión geométrica  fabrican sus hijas nodrizas. Una nueva familia se ha creado. En la próxima Primavera, la ya vieja madre, emprenderá una nueva aventura en pos de la especie, puede que sea la última.

He leído varias veces el libro de Maeterlinck y sé que volveré a leerlo .Para un colmenero ver , o mejor dicho leer, el trajín diario de la abeja convertido en poesía es algo único , dignifica su quehacer y el de la misma abeja".

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